Nana
Nana —¿Y qué? —preguntó Nana cuando los jóvenes volvieron de una larga visita a los bookmakers.
—Está usted a cuarenta —dijo Héctor.
—¿Cómo a cuarenta? —exclamó ella estupefacta—. Estaba a cincuenta… ¿Qué ha ocurrido?
Precisamente Labordette habÃa reaparecido. Se cerraba la pista y el sonido de una campana anunciaba la primera carrera. Ella le preguntó acerca de tan brusca alza en la cotización, pero él respondió evasivamente; sin duda se habÃan producido solicitudes. Nana tuvo que conformarse con aquella explicación. Además, Labordette, con gesto preocupado, le dijo que Vandeuvres se acercarÃa un momento si podÃa escaparse.