Nana

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Luego, un gran terceto ponía fin a la escena, y entonces fue cuando una acomodadora apareció en el palco de Lucy Stewart para arrojar dos enormes ramos de lilas blancas. Se aplaudió, Nana y Rose Mignon saludaron mientras Prullière recogía los ramos. Una parte del patio de butacas miró sonriendo hacia el palco ocupado por Steiner y Mignon. El banquero, encarnado como un pavo, sacudía convulsivamente su barbilla como si tuviese un nudo en la garganta.

Lo que sucedió a continuación acabó de envenenar la sala. Diana se había marchado furiosa. En seguida, sentada en un banco de musgo, Venus llamó a Marte a su lado. Jamás se habían atrevido a presentar una escena de seducción tan ardiente. Nana, con los brazos rodeando el cuello de Prullière, lo atraía hacia así cuando Fontan, entregándose a una mímica de furor burlesco, exagerando el papel de esposo ultrajado que sorprende a su mujer en flagrante delito, apareció en el fondo de la gruta. Traía la famosa red de alambre. La agitó un instante, igual que un pescador a punto de arrojar su esparavel, y, por medio de un truco ingenioso, Venus y Marte quedaron cogidos en la red, cuyos hilos los envuelven y los inmovilizan en su postura de amantes dichosos.



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