Nana

Nana

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Para dominar a la multitud, estaban subidos sobre bancos de madera, y exhibían sus cotizaciones cerca de ellos, entre los árboles, mientras recogían las apuestas con un gesto, con un guiño de ojos, tan rápidamente que los curiosos, boquiabiertos, los contemplaban sin comprenderlos. Aquello era una algarabía de cifras gritadas, de tumultos acogiendo los cambios de cotizaciones inesperados. Y por momentos aumentaban el vocerío, los avisadores salían corriendo, se detenían a la entrada de la rotonda, lanzaban violentamente un grito, una partida, una llegada, que suscitaban apasionado rumores en aquella fiebre del juego abierto al sol.

—¡Sí que son graciosos! —murmuró Nana muy divertida—. Tienen una cara espantosa. Mira aquel de allá… No quisiera encontrarle a solas en un bosque.

Pero Vandeuvres les señaló un bookmaker, un dependiente de comercio que había ganado tres millones en dos años. Flaco, desecado y rubio, estaba rodeado de respeto; se le hablaba sonriendo y la gente se estacionaba para verle.

Al fin abandonaron la rotonda y Vandeuvres se dirigió con un ligero movimiento de cabeza a otro bookmaker, quien se permitió llamarlo. Era uno de sus antiguos cocheros, corpulento, con hombros de buey y cara encendida.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker