Nana

Nana

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Él se revolvió. ¡Jamás! El corazón le estallaba; era demasiada vergüenza.

No obstante, Nana insistía con ternura:

—Vas a arreglarte con tu esposa… ¿Tú no querrás oír decir por todas partes que yo te he separado de tu hogar? Sería la peor reputación; ¿qué pensarían de mí? Júrame sólo que me amarás siempre, pues aunque te vayas con otra…

Las lágrimas la ahogaban. El conde la interrumpió, llenándola de besos y repitiendo:

—Estás loca; eso es imposible.

—Sí, sí —repuso ella—; es preciso… Yo procuraré conformarme. Al fin y al cabo se trata de tu mujer… No será lo mismo que si me engañaras con la primera que encontrases.

Y así continuó, dándole los mejores consejos. Incluso le habló de Dios. El conde creía estar oyendo al señor Venot, cuando este viejo le sermoneaba para arrancarle del pecado. Sin embargo, ella no hablaba de romper sus relaciones; predicaba complacencias, una partición de buen hombre entre su mujer y su querida, una vida de tranquilidad, sin fastidio para nadie; algo así como un precioso sueño en las suciedades inevitables de la existencia. Aquello no cambiaría nada en su vida; él seguiría siendo su gatito preferido, sólo que vendría menos frecuentemente y dedicaría a la condesa las noches que no pasase con ella.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker