Nana

Nana

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Imagínense —murmuraba la señora Chantereau—, si volviese la condesa… ¿Eh? Se imaginan su entrada en medio de este gentío. Y todo este oro, y este ruido… ¡Es escandaloso!

—Sabine está loca —respondía la señora Du Joncquoy—. ¿La han visto en la puerta? Fíjense, se ve desde aquí… Lleva todas sus alhajas.

Por un instante se levantaron para observar de lejos a la condesa y al conde. Sabine, con un vestido blanco, adornado con un maravilloso encaje de Inglaterra, estaba radiante de belleza, de juventud y de jovialidad, con cierta nota de embriaguez en su continua sonrisa.

A su lado, Muffat, envejecido, un poco pálido, también sonreía, con su aire tranquilo y digno.

—Y pensar que él era el dueño —agregó la señora Chantereau—, que ni siquiera un banquillo entraba aquí sin su permiso… Cómo ha cambiado todo esto. Ella está en su casa en estos momentos. ¿Se acuerdan ustedes de cuando ella no quería restaurar el salón? Y ha rehecho todo el hotel.

Pero se callaron, pues la señora de Chezelles entraba con un grupo de jóvenes que se extasiaban y aprobaban con ligeras exclamaciones.

—¡Oh! Delicioso, exquisito, cuánto gusto…

Y ella dijo desde lejos:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker