Nana
Nana Algo maravilloso… Primero se ha abrazado a la condesa. En seguida, cuando los muchachos se acercaron, les ha bendecido, diciendo a Daguenet: «Escucha, Paul; si haces cola, tendrás que habértelas conmigo…». ¿Cómo? ¿No han visto eso? ¡Qué elegancia, vaya éxito!
Los otros dos le escuchaban boquiabiertos. Por último se echaron a reÃr.
Él, encantado, se imaginaba muy fuerte.
—¿Han creÃdo que habÃa llegado? Si ha sido Nana quien arregló el matrimonio. Además, ya es de la familia.
Pasaron los hermanos Hugon, y Philippe le hizo callar. Entonces, entre hombres, se habló de la boda. Georges se enfadaba con Héctor, que contaba la historia. Nana habÃa impuesto a Muffat a uno de sus antiguos amantes por yerno, pero era completamente falso que aún la noche anterior ella se hubiese acostado con Daguenet.
Foucarmont se permitió encogerse de hombros. ¿Se sabÃa nunca cuándo Nana se acostaba con alguien? Pero Georges, arrebatado, contestó con un «Yo, señor, lo sé» que hizo reÃr a todos.
Por último, como dijo Steiner, aquello siempre era un buen plato.