Nana
Nana —La condesa está muy elegante —repuso Héctor en la puerta del jardÃn—. Tiene diez años menos que su hija… A propósito, Foucarmont, usted podrá aclararnos esto: Vandeuvres apostaba a que ella no tiene muslos.
Este alarde de cinismo aburrÃa a sus oyentes. Foucarmont se limitó a responder:
—Interrogue a su primo, querido. Precisamente ahà llega.
—Es una excelente idea —exclamó Héctor—. Apuesto diez luises a que tiene muslos.
En efecto, llegaba Fauchery. Como asiduo de la casa, habÃa dado la vuelta por el comedor para evitarse el abarrotamiento de las puertas. Reconquistado por Rose al principio del invierno, se repartÃa entre la cantante y la condesa, sin saber cómo abandonar a una de las dos.
Sabine halagaba su vanidad, pero Rose le agradaba más. Por otro lado, esta última sentÃa por él una verdadera pasión, una ternura de fidelidad conyugal que desolaba a Mignon.
—Oye una noticia —repetÃa Héctor estrechando la mano de su primo—. ¿Ves aquella señora con un vestido de seda blanca?