Nana

Nana

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Lo procuraré.

Siguió un silencio. Nana se vestía y él apoyaba la frente en un cristal. Al cabo de un minuto volvió a su lado y le dijo:

—Nana, deberías casarte conmigo.

De pronto esta idea la divirtió tanto que ni siquiera podía acabar de anudarse las enaguas.

—Pero, mi perrito, tú estás enfermo… ¿Es que porque te pido diez luises me ofreces tu mano…? Nunca. Te amo demasiado. ¡Vaya tontería!

Y como Zoé entraba para calzarla ya no hablaron más de aquello. La doncella en seguida vio los regalos destrozados y amontonados debajo de la mesa. Preguntó si había que guardarlos, y al decirle la señora que los tirase, los envolvió con su delantal. En la cocina escogían y se repartían los restos de la señora.

Aquel día Georges, a pesar de la prohibición de Nana, se había introducido en el hotel. François le había visto pasar, pero los criados se reían entre sí viendo los apuros de la dueña de la casa. Georges acababa de deslizarse hasta el saloncito cuando la voz de su hermano le detuvo, y, pegado tras la puerta, oyó toda la escena, los besos y la oferta de matrimonio. El horror le dejó helado, y se marchó como un imbécil, con la sensación de un gran vacío en el cráneo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker