Nana

Nana

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Entonces, anonadado, Georges se atravesó en la puerta, y lloraba y le suplicaba, juntando las manos, balbuciendo:

—¡Oh, no! ¡Oh, no!

—Yo digo que sí. ¿Tienes tú ese dinero?

No, él no tenía dinero. Hubiese dado su vida por tener dinero. Jamás se había sentido tan miserable, tan inútil, tan pequeño. Sacudido por los sollozos, sentía un dolor tan grande que ella acabó por verlo y enternecerse. Lo apartó suavemente.

—Vamos, gato mío; déjame pasar, es preciso… Sé razonable. Tú eres un crío; aquello fue agradable para una semana, pero hoy debo pensar en mis asuntos. Reflexiona un poco… Tu hermano ya es un hombre. Con él, no digo que no… Hazme el favor. Es inútil que vayas a contarle todo esto. No necesita saber adónde voy. Siempre hablo demasiado cuando me encolerizo.

Se reía. Luego, cogiéndole, le besó en la frente.

—Adiós, pequeño; se acabó, bien acabado, ¿entiendes…? Me marcho.

Y le abandonó. Él se quedó en medio del salón. Las últimas palabras aún sonaban a rebato en sus oídos: «Se acabó, bien acabado» y creía que la tierra se abría a sus pies.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker