Nana

Nana

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—No, no tendré el dinero tan pronto —advirtió la joven desperezándose y levantando el pecho—. Almorzarás y luego veremos. Zoé le trajo un peinador, diciéndole:

—Señora, el peluquero está aquí.

Pero Nana no quiso pasar al tocador y gritó:

—Entre, Francis.

Un señor, vestido correctamente, empujó la puerta. Saludó. En aquel preciso momento Nana salía del lecho, con las piernas al aire. No se inmutó, y alargó las manos para que Zoé pudiese meterle las mangas del peinador. Y Francis, muy correcto, esperaba sin volverse. Luego, cuando ella se sentó y él empezó a pasar el peine, dijo:

—Tal vez la señora no ha visto los periódicos… Hay un artículo muy bueno en Le Fígaro.

Había comprado el periódico. La señora Lerat se puso sus lentes y leyó el artículo en voz alta, de pie ante la ventana. Erguía su talle de gendarme, y su nariz se contraía cada vez que pronunciaba algún adjetivo galante. Se trataba de una crónica de Fauchery escrita a la salida del teatro: dos columnas muy cálidas, con una ingeniosa malicia para la artista y una brutal admiración para la mujer.

—Excelente —repetía Francis.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker