Nana

Nana

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Nana había caído paulatinamente en un hondo pesar. Primero el encuentro del marqués con el conde, que la sacudió con una fiebre nerviosa, en la que casi entraba la alegría. Luego la idea de aquel viejo medio muerto que se iba en un fiacre, y su pobre cochinillo, que ya no vería más después de haberle hecho rabiar tanto, le produjo un principio de melancolía sentimental.

Después se desconsoló al enterarse de la enfermedad de Satin, desaparecida quince días antes, y a punto de morir en Lariboisière. ¡En tan mísero estado la había dejado la señora Robert!

Cuando hacía que preparasen el coche para ir a visitar una vez más a aquella basura, Zoé se le acercó tranquilamente para decirle que se despedía, avisándola con ocho días de antelación. Nana se desesperó; le parecía que perdía a una persona de su familia. ¡Dios mío!, ¿qué iba a ser de ella completamente sola?

Y suplicaba a Zoé, la cual, muy halagada por su desesperación, acabó por abrazarla para demostrar que no se marchaba enfadada con ella, pero era preciso, el corazón debía callarse ante los negocios. Aquél era el día de los fastidios. Nana, muy disgustada, ya no pensaba salir, y se consumía en su saloncito cuando Labordette subió para hablarle de una compra de ocasión, unos encajes magníficos, y, entre frases insignificantes, soltó que Georges había muerto. Nana quedó petrificada.

—¡Zizí! ¡Muerto! —exclamó.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker