Nana
Nana La otra sube al coche de un salto, y Lucy continúa:
—¿Y sabes, querida? Tal vez ya esté muerta mientras nosotras charlamos.
—¿Muerta? ¡Vaya ocurrencia! —exclamó Caroline estupefacta—. ¿Y dónde, de qué?
—En el Gran Hotel… De la viruela. ¡Oh! toda una historia.
Lucy habÃa ordenado a su cochero ir a toda marcha. Y al trote de los caballos, a lo largo de la calle Royale y los bulevares, contó la aventura de Nana, con frases breves y sin tomar aliento.