Nana
Nana —No puedes imaginártelo… Nana regresa de Rusia, no sé por qué; tal vez haya tenido una discusión con su prÃncipe… Deja su equipaje en la estación y se va a casa de su tÃa, ya sabes, aquella vieja… Bueno; cae sobre su hijo, que tiene la viruela; el niño muere al dÃa siguiente, y ella se pelea con la tÃa a propósito del dinero que debÃa enviarle, y del cual la otra nunca ha visto un céntimo… Parece que el niño ha muerto por eso; en fin, un niño abandonado y sin cuidado… Muy bien. Nana se marcha, va a un hotel, luego se encuentra con Mignon, precisamente cuando se ocupaba de su equipaje… Pero de improviso se siente indispuesta, tiene escalofrÃos, náuseas, y Mignon la acompaña a casa de ella, prometiéndole cuidarse de sus asuntos… ¿Eh? Es grotesco el caso y bien urdido. Pero aquà viene lo mejor: Rose se entera de la enfermedad de Nana, se indigna al saberla sola en una habitación alquilada, y corre a cuidarla, llorando… Ya te acuerdas de cómo se detestaban. Dos verdaderas furias. Pues bien, querida mÃa; Rose ha hecho trasladar a Nana al Gran Hotel para que por lo menos muera en un lugar elegante, y con la de hoy son tres noches las que pasa a su cabecera, a la espera de que reviente pronto… Ha sido Labordette quien me ha contado esto. Entonces he querido ver…
—SÃ, sà —interrumpió Caroline muy excitada—. Vamos a subir.