Nana
Nana ¡Nana muerta! Una muchacha tan hermosa… Mignon suspiró como aliviado de un gran peso; al fin bajaría Rose. Hubo un frío silencio.
Fontan, que soñaba con un papel trágico, había adoptado una expresión de dolor, apretando los labios y con los ojos en blanco, mientras Fauchery, realmente conmovido en su frivolidad de periodista, mascaba nerviosamente su cigarro.
No obstante, las dos mujeres continuaron lamentándose. La última vez que Lucy la vio fue en la Gaité; Blanche, igual, en el papel de Mélusine. «¡Oh! asombraba, querida mía, cuando aparecía en el fondo de la gruta de cristal».
Aquellos señores la recordaron muy bien. Fontan representaba el príncipe Coricoco. Y con sus recuerdos despiertos, se pusieron a dar detalles interminables.