Nana

Nana

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Querida, es Fauchery, que está abajo, al otro extremo. No quiere subir, está furioso porque sigues aquí, cerca del cadáver.

Mignon había conseguido que el periodista subiese. Lucy, todavía en la ventana, se asomó, y vio a aquellos señores en la acera, mirando hacia arriba y haciéndole señas. Mignon, exasperado, levantaba los puños. Steiner, Fontan, Bordenave y los demás abrían los brazos en ademán de inquietud y de reproche, mientras Daguenet, para no comprometerse, fumaba tranquilamente, con las manos en la espalda.

—Es cierto, querida —dijo Lucy abandonando la ventana abierta—. Había prometido hacerte bajar… Están todos llamándonos.

Rose abandonó penosamente la cabecera de madera, y murmuró:

—Ahora, ahora voy… Ya no me necesita para nada… Haremos que suba una Hermana.

Daba vueltas sin encontrar su sombrero y su chal. Maquinalmente, sobre el tocador, había llenado una palangana de agua y se lavaba las manos y la cara, mientras decía:

—No sé, pero esto ha sido un golpe terrible para mí… Nunca fuimos muy amigas… Pues ya veis si soy tonta… ¡Oh! se me ocurren toda clase de ideas, hasta la de morirme también. El fin del mundo… Sí, necesito aire.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker