Nana

Nana

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Los dos hombres saludaron y se sentaron. Un cortinaje de tul bordado mantenía el gabinete a media luz. Aquélla era la pieza más elegante del piso: tapizada con tela clara, tenía un gran tocador de mármol, y una cornucopia, un diván y sillones de raso azul. En el tocador había los ramos de rosas, de lilas y de jacintos, como un hacinamiento de flores que esparcía un perfume penetrante y fuerte, mezclado con el olor de algunas briznas de pachulí seco, desmenuzadas en el fondo de una copa. Y Nana, arreglándose su peinador mal ajustado, parecía haber sido sorprendida mientras se arreglaba, todavía con la piel húmeda, sonriendo azorada en medio de sus blondas.

—Señora —dijo gravemente el conde Muffat— nos excusará que hayamos insistido… Nos trae una colecta… El señor y yo somos miembros del Comité de Beneficencia del distrito.

El marqués de Chouard se apresuró a añadir, con acento galante:

—Cuando nos informaron de que una gran artista vivía en esta casa, nos prometimos recomendarle nuestros pobres de una manera especial… El talento no está reñido con el corazón.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker