Erasmo de Rotterdam
Erasmo de Rotterdam Pero ¡fatalidad de su vida!, aún otra vez, pero la última, tiene ahora que ponerse nuevamente en camino este eterno nómada. Aún otra vez, casi a los setenta años, huye súbitamente de su casa y hogar. Le ha acometido un ansia plenamente inexplicable de abandonar Freiburg para trasladarse a Brabante, cuyo duque lo ha llamado desde allí; pero en lo profundo, otra cosa es la que lo llama: la muerte. Una misteriosa intranquilidad se ha apoderado de él, y aquel que durante toda su vida fue un cosmopolita, un consciente hombre sin patria, experimenta ahora la necesidad, angustiosa y afectuosa, de ver la tierra natal. El cuerpo fatigado quiere volverse al sitio de donde ha salido; un presentimiento le dice que su viaje por la vida toca a su término.