Erasmo de Rotterdam
Erasmo de Rotterdam Con tal temor en los nervios y tal hipersensibilidad en los órganos del cuerpo, se llega difícilmente a ser un héroe; de modo inevitable, el carácter tiene que reflejar este inseguro habitus corporal. El que este hombrecillo tan delicado y frágil, en medio de las rudas fuerzas naturales del Renacimiento y de la Reforma, servía poco para director de masas lo muestra una ojeada a su retrato espiritual. «En ninguna parte tiene un rasgo sobresaliente de osadía», expone Lavater al juzgar su semblante, y lo mismo puede decirse del carácter de Erasmo.