Erasmo de Rotterdam
Erasmo de Rotterdam Comparándolo con las obras principales de Erasmo, serias, importantes, cargadas y recargadas de sabidurÃa, se toma al principio este pequeño y descarado satiricón por un escrito algo juvenil y petulante, algo casquivano y ligero. Pero no por su extensión y peso adquieren su consistencia Ãntima las obras de arte, y lo mismo que, en la esfera de la polÃtica, una sola palabra fundamental, una agudeza mortÃfera, producen a menudo un efecto más decisivo que un discurso como los de Demóstenes, asÃ, en el recinto de la literatura, las obras de pequeño tamaño sobreviven en general a los libros voluminosos y pesados; de los ciento ochenta tomos de Voltaire, en realidad sólo la burlona y sucinta novela Cándido ha conservado vida; de los innumerables volúmenes en folio de Erasmo, tan amigo de escribir, sólo sobrevive este hijo del azar, este producto del animoso buen humor, este deslumbrante juego espiritual del Laus Stultitiæ.