Maria Estuardo
Maria Estuardo Dos jóvenes mujeres son en este momento las más cortejadas del mundo: Isabel de Inglaterra y María de Escocia. Si alguien en Europa tiene derechos sobre un trono y no tiene esposa, envía sus pretendientes; Habsburgos y Borbones, Felipe II de España y su hijo don Carlos, el archiduque de Austria, los reyes de Suecia y Dinamarca, ancianos y niños, hombres y adolescentes: hacía mucho que el mercado matrimonial político no estaba tan surtido. Porque el matrimonio con una princesa sigue representando para un soberano la forma más cómoda de ampliar su poder. No fue mediante la guerra, sino a través del matrimonio, como se construyeron los grandes derechos hereditarios en tiempos del absolutismo, la Francia unida, la España universal y el poder dinástico de los Habsburgo. Ahora, insospechadamente, atrae el brillo de las últimas joyas valiosas de Europa. Isabel o María Estuardo, Inglaterra o Escocia, quien gane un país u otro mediante matrimonio habrá ganado en el juego del mundo, y al mismo tiempo que la competición entre naciones se decidirá otra guerra, una guerra intelectual y espiritual. Porque si por el matrimonio de una de las dos soberanas las islas Británicas caen en manos de un rey católico, el fiel de la balanza que mide la lucha entre catolicismo y protestantismo se habrá inclinado definitivamente del lado de Roma, la ecclesia universalis volverá a ser victoriosa en la Tierra. Por eso, esa apasionada caza de la novia significa inconmensurablemente más que un asunto familiar; en ella se simboliza una decisión de alcance mundial.