Maria Estuardo
Maria Estuardo Pero la ambigüedad es, y será durante toda su vida, la actitud propia de Isabel. No se aparta de su método ni siquiera después de esta primera y mala experiencia. Naturalmente, no declara la guerra a MarÃa Estuardo, no retira a su embajador, pero de manera subterránea trata de deparar las mayores dificultades a esta pareja más que feliz. Demasiado temerosa, demasiado cauta como para disputar abiertamente el poder a Darnley y MarÃa Estuardo, trabaja contra ellos en la oscuridad. En Escocia siempre es fácil encontrar rebeldes y descontentos cuando se trata de ir contra su señor, y en esta ocasión incluso hay entre ellos un hombre que supera en una cabeza, en energÃa y odio sincero, a toda esta pequeña camada. Moray no ha asistido, de forma ostentosa, a la boda de su hermana, y su ausencia ha sido observada por los iniciados como un mal presagio. Porque Moray —y esto es lo que hace su figura enormemente atractiva y misteriosa— tiene un asombroso instinto para los cambios del viento polÃtico, adivina con una percepción increÃblemente segura el momento en que las cosas giran hacia el peligro, y en esos casos hace lo más inteligente que puede hacer un polÃtico refinado: desaparece. Aparta la mano del timón, de repente se vuelve invisible e inencontrable. Igual que la repentina desaparición de los rÃos, la desecación de los cursos de agua, anuncia en la Naturaleza grandes catástrofes elementales, asà en todo momento la desaparición de Moray —la historia de MarÃa Estuardo lo demostrará— anuncia una desgracia polÃtica. Al principio, Moray aún adopta una actitud pasiva. Se queda en su castillo, evita con terquedad la corte para demostrar que, como regente y protector del protestantismo, desaprueba la elección de Darnley como rey de Escocia. Pero Isabel quiere más que una mera protesta contra la nueva pareja real. Quiere una rebelión, asà que corteja a Moray y a los asimismo descontentos Hamilton. Con el estricto mandato de no comprometerla, «in the most secret way», encarga a uno de sus agentes apoyar con tropas y dinero a los lores «as if from himself», como si fuera por iniciativa suya y ella no supiera nada. El dinero cae en las codiciosas manos de los lores como el rocÃo en una pradera quemada, su valor se yergue, y las promesas de ayuda militar pronto ponen al dÃa la sublevación deseada en Inglaterra.