Maria Estuardo
Maria Estuardo Sólo hay algo que une de inmediato a esta banda celosa e indomable: someter a su señor común, a su propio rey, porque para todos es igual de insoportable la obediencia e igual de desconocida la lealtad. Cuando esta «parcel of rascals», esta partida de bribones —como los estigmatizó Burns, el escocés por antonomasia—, tolera un reinado aparente sobre sus castillos y posesiones, es únicamente por celos de un clan contra otro. Los Gordon sólo dejan la corona a los Estuardo para que no caiga en manos de los Hamilton, y los Hamilton por celos hacia los Gordon. Pero ¡ay si un rey de Escocia se atreve de veras a ser el soberano e imponer la disciplina y el orden en el país, si en el primer ardor de la juventud trata de oponerse a la arrogancia y la codicia de los lores! Enseguida esa chusma hostil se agrupa fraterna para volver impotente a su soberano, y si no lo consigue con la espada, el puñal del asesino se encarga, fiable, de este servicio.