Maria Estuardo
Maria Estuardo Después de todos esos peligros y emociones, a María Estuardo aún le queda algo por hacer para asentar su fuertemente sacudida posición: traer al mundo sano y salvo al heredero del trono. Sólo cuando sea la madre de un rey será intocable, y no como esposa de semejante muñeco lamentable. Inquieta, espera el momento decisivo. Una curiosa oscuridad y desánimo se apodera de ella en las últimas semanas. ¿Agobia aún su alma la sombra de la muerte de Rizzio? ¿Tiene, conforme aumentan sus fuerzas, el presentimiento de que se aproxima una desgracia? En cualquier caso, hace un testamento en el que deja a Darnley el anillo que él puso en su dedo al casarse, pero tampoco olvida a José Rizzio, el hermano del asesinado, Bothwell y las cuatro Marys; por primera vez, esta mujer normalmente audaz y despreocupada teme la muerte o algún otro peligro. Abandona Holyrood, que, como demostró aquella trágica noche, no ofrece suficiente seguridad, y se retira al castillo de Edimburgo, más incómodo, pero altanero e inexpugnable, para dar la vida allí al futuro heredero de las coronas escocesa e inglesa, incluso al precio de su propia vida.