Maria Estuardo
Maria Estuardo Pero María Estuardo coge al niño en sus brazos y repite en voz alta: «Juro ante Dios, como si estuviera ante el Juicio Final, que éste es tu hijo y de ningún otro, y deseo que los hombres y mujeres aquí presentes sean testigos de que hasta tal punto es tu hijo que casi temo que después eso pueda ser malo para él».
Éste es un gran juramento, y a la vez un extraño temor: incluso en hora tan solemne, la mujer ofendida no puede ocultar su desconfianza hacia Darnley. Tampoco ahora puede olvidar lo profundamente que ese hombre la ha defraudado y herido. Después de estas palabras cargadas de significado, entrega el niño a uno de los lores, sir William Standon: «Éste es el hijo del que espero que será el primero en reunir los dos reinos de Escocia e Inglaterra».
Algo confuso, Standon responde:
—¿Por qué él, madame? ¿Por qué iba él a preceder a Vuestra Majestad y a su padre?
Y, reprochante una vez más, María Estuardo dice:
—Porque su padre ha destruido nuestra unión.
Darnley, avergonzado delante de todos, trata de calmar a la indignada. Inquieto, pregunta:
—¿No va esto en contra de tu promesa de perdonarlo y olvidarlo todo?