Maria Estuardo
Maria Estuardo Sin embargo, a la mañana siguiente Isabel vuelve a ser completamente reina, completamente mujer polÃtica, diplomática. Domina de forma modélica el arte, tantas veces acreditado, de ocultar su rencor, su disgusto, su más profundo sufrimiento, bajo palabras frÃas y mayestáticas. MagnÃficamente maquillada con una amable sonrisa, recibe a Melville con grandes honores, y oyendo sus palabras habrÃa que pensar que pocas veces ha recibido un mensaje más alegre. Le ruega que transmita su más cordial felicitación a MarÃa Estuardo, renueva su promesa de amadrinar al niño y, si es posible, ir en persona al bautizo. Precisamente porque envidia en lo más Ãntimo su dicha a su hermana en el destino, desea —eterna actriz de su propia grandeza— aparecer ante el mundo como benefactora y generosa.