Maria Estuardo
Maria Estuardo ¿Qué quiere Darnley con esta sorprendente amenaza? ¿Le ha llegado ya una advertencia? ¿Le ha llegado una seña acerca de un complot, y tiene la intención —incapaz de revolverse contra el motín— de huir a tiempo a algún sitio en el que el veneno y el puñal no puedan alcanzarle? ¿Le atormenta una sospecha, le persigue el miedo? ¿O fue todo el anuncio un mero hincharse, un gesto de resistencia diplomática para asustar a María Estuardo? Todas esas posibilidades son imaginables, e incluso todas a la vez —en una decisión se mezclan siempre muchos sentimientos—, nadie puede afirmarlas o negarlas de manera resuelta. Porque aquí, cuando el camino empieza a descender hacia el sombrío inframundo del corazón, el brillo de las luces históricas es más turbio; en este laberinto sólo se puede avanzar a tientas, con cautela y apoyados tan sólo en conjeturas.