Maria Estuardo
Maria Estuardo MarÃa Estuardo se rehace con rapidez. Ahora ya tiene a mano una determinada técnica para acabar con ese hombre débil cuando quiera hacerse el señor o el rebelde. Sabe que lo que tiene que hacer —exactamente igual que aquella noche, después del asesinato de Rizzio— es arrancarle la voluntad antes de que él cause algún daño en su pueril terquedad. Asà que ¡fuera las consideraciones morales y los reparos melindrosos! Vuelve a escenificar la indulgencia. Para domesticarlo, MarÃa Estuardo no rehúye ni el medio más extremo: despide a los lores, sale al encuentro de Darnley, que espera terco a las puertas, y no sólo le lleva a palacio con toda solemnidad, sino puede que incluso a la isla de Circe, a su propio dormitorio. Y he aquà que la magia funciona como entonces y como siempre en ese muchacho que depende de ella con toda su pasión sensual; a la mañana siguiente Darnley está amansado, MarÃa Estuardo vuelve a llevarlo de las riendas.