Maria Estuardo
Maria Estuardo Ahora empieza la estrofa más oscura de la balada de MarÃa Estuardo. Este viaje a Glasgow, desde el que llevó a su esposo aún enfermo en medio de una conspiración asesina, es la acción más discutida de toda su vida. Una y otra vez, se plantea la pregunta: ¿fue MarÃa Estuardo realmente una figura atrÃdea, una Clitemnestra que, con hipócrita preocupación, prepara el baño caliente a su esposo Agamenón mientras Egisto, el asesino y amante, se esconde en las sombras con el hacha recién afilada? ¿Fue otra lady Macbeth, que con palabras suaves y halagüeñas guÃa al rey Duncan hasta el sueño durante el que Macbeth le asesinará, una de esas criminales demonÃacas como las que la extrema pasión extrae a menudo de las mujeres más valerosas y entregadas? ¿O fue tan sólo criatura sin voluntad de ese brutal rufián de Bothwell, actuando inconsciente en el trance de una orden irresistible, marioneta obediente y de buena fe, inconsciente de todos los preparativos para el terrible acontecimiento? De forma involuntaria, al principio el sentimiento se resiste a considerar cierto el crimen, a acusar a una mujer, hasta ahora de sentimientos humanos, de conocimiento y complicidad. Una y otra vez, uno busca una interpretación humanamente más suave de este viaje a Glasgow. Una y otra vez se dejan a un lado por poco fiables todos los testimonios y documentos que acusan a MarÃa Estuardo, y se revisa, con la sincera voluntad de dejarse convencer, todas las interpretaciones exculpatorias halladas o inventadas por sus defensores. ¡Mas en vano! Por más que uno quisiera creerlos, todos esos argumentos de leguleyo carecen de fuerza de convicción: el eslabón del acto cometido engarza perfectamente en la cadena de los acontecimientos, mientras toda interpretación exculpatoria se rompe en las manos en cuanto se la aferra con más fuerza.