Maria Estuardo
Maria Estuardo Pero ¿y si MarÃa Estuardo —siempre hay que dar un paso hacia sus defensores, porque ¡qué responsabilidad, acusar injustamente a alguien de un crimen!— no sabe nada de esta conspiración? Funestamente, también una carta de Archibald Douglas dirigida a ella excluye cualquier duda en ese sentido. Porque Archibald Douglas, uno de los principales conspiradores, trató de verla personalmente en ese trágico viaje a Glasgow para obtener su abierto consentimiento al criminal complot. Y aunque no le hiciera ninguna promesa y rechazara todo consentimiento, ¿cómo puede una esposa callar ante tal petición cuando conoce que están en marcha semejantes manejos? ¿Cómo pudo no advertir a Darnley? ¿Cómo pudo incluso, a pesar de la convicción, ahora segura, de que habÃa algo en contra suya, convencerle para que regresara a la atmósfera del crimen? En un caso asÃ, callar es más que saber, es complicidad secreta y pasiva, porque quien conoce de un crimen y no trata de impedirlo es culpable al menos de indiferencia. Asà que lo mejor que se puede decir de MarÃa Estuardo es que no sabÃa nada del crimen planeado porque nada querÃa saber, que cerró los ojos y miró hacia otro lado para luego poder decir y jurar: no he tenido parte en esta acción.