Maria Estuardo

Maria Estuardo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Pero —éste es el último argumento de sus defensores à tout prix— ¿y si precisamente con este viaje María Estuardo quería liquidar el desdichado pleito? ¿Y si sólo había ido hasta su cabecera para reconciliarse con él? Pero, por desgracia, también esta ultimísima interpretación favorable para ella queda aniquilada por un documento de su propia mano. Porque un día antes de partir hacia Glasgow, esta imprudente —nunca pensó María Estuardo que sus cartas darían testimonio en contra suya frente a la posteridad—, en una carta al arzobispo Beaton, se manifiesta del modo más odioso e irritado acerca de Darnley: «En lo que concierne al rey nuestro señor, Dios sabe cómo nos hemos comportado siempre con él, y no saben menos Dios y el mundo de sus intrigas e injusticias hacia nosotros; todos nuestros súbditos lo han visto, y no dudo de que le condenan en sus corazones». ¿Habla así la voz cordial de la reconciliación? ¿Es ésta la actitud de una mujer amante que corre preocupada junto a su esposo enfermo? Y, segunda circunstancia irrefutablemente inculpatoria, María Estuardo no emprende este viaje sólo para visitar a Darnley y regresar a casa, sino con la decidida intención de devolverlo enseguida a Edimburgo: ¡también eso es demasiada preocupación como para resultar honesta y convincente! Porque ¿acaso no se burla de todas las leyes de la medicina y de la razón sacar de su cama a un enfermo de varicela, un enfermo de fiebres, cuyo rostro aún está completamente hinchado, y transportarlo en lo más duro del invierno, en enero y en un coche abierto, a la distancia de dos días de viaje? Pero María Estuardo ha llevado consigo un carromato para quitar a Darnley toda posibilidad de objeción y llevarlo así lo antes posible a Edimburgo, donde la conjura asesina contra él está en plena marcha.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker