Maria Estuardo

Maria Estuardo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El espantoso acontecimiento tan sólo se vuelve comprensible, en este indulgente sentido, al leer la famosa carta que ella dirige a Bothwell desde la cabecera del enfermo Darnley, y que sus defensores siempre querrán negar tontamente: sólo ella da un brillo conciliador de humanidad a lo espantoso del acto. Gracias a esta carta tenemos acceso, como a través de una grieta en la pared, a las horas terribles de Glasgow. Hace mucho que ha pasado la medianoche, María Estuardo está sentada a su mesa, en camisón, en una habitación ajena. Un fuego arde en la chimenea, las sombras se estremecen en las altas y frías paredes. Pero el fuego no calienta la solitaria estancia ni el alma que se hiela. Una y otra vez, un escalofrío corre por la espalda de la mujer escasamente vestida: hace frío y ella está cansada, querría dormir, y sin embargo la excitación y la emoción no le dejan dormir. Ha vivido mucho, y cosas demasiado estremecedoras, en estas últimas semanas, estas últimas horas, aún le tiemblan y le arden los nervios hasta las más dolorosas terminaciones. Horrorizada ante la acción, pero obediente sin voluntad al señor de su voluntad, la esclava de Bothwell ha emprendido ese horrendo viaje para llevar a su esposo desde la seguridad a una muerte aún más segura, y no le han puesto fácil el engaño. Ya ante las puertas la detiene un mensajero del padre de Darnley, Lennox. Al anciano le parece sospechoso que la mujer que lleva meses evitando a su hijo, llena de odio, acuda de repente tan enternecida a su lecho de enfermo. Los ancianos presienten la desgracia; y quizá Lennox también se acuerde de que cada vez que María Estuardo se sometía en apariencia a su hijo siempre trataba de conseguir una ventaja personal para ella. Ha logrado trabajosamente rechazar todas las preguntas del mensajero, ha llegado felizmente hasta la cabecera del enfermo, que también —ha jugado con él demasiado a menudo— la recibe con espíritu desconfiado. Para qué ha traído un carromato, pregunta enseguida; la sospecha todavía palpita inquieta en sus miradas. Y ella tiene que controlar férreamente su corazón para no traicionarse con una palabra balbucida, palideciendo o ruborizándose. Pero el miedo a Bothwell la ha enseñado a disimular. Con manos acariciantes, con palabras aduladoras, ha adormecido poco a poco la desconfianza de Darnley, le ha arrebatado la voluntad y hecho a cambio la suya, la más fuerte. La primera tarde de su llegada la mitad del trabajo ya está hecho.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker