Maria Estuardo
Maria Estuardo Quizá sólo hay una persona en toda la ciudad y el país que cree sinceramente en el cambio de humor de María Estuardo: Darnley, el desdichado esposo. Halaga su vanidad la preocupación de la que ella le rodea, ve orgulloso que de pronto los lores, que hasta ahora le rehuían despreciativos, vuelven a acercarse hasta su lecho con la espalda inclinada y rostros comprensivos. Agradecido, ensalza el 7 de febrero, en una carta a su padre, lo mucho que su salud ha mejorado gracias a la preocupación de la reina, que se comporta con él como una verdadera y amante esposa. Ya los médicos le han dado la feliz garantía de su curación, ya empiezan a desaparecer los últimos rastros de la deformante enfermedad, ya se le permite el traslado a su palacio, los caballos ya han sido llamados para el lunes por la mañana. Un día más y volverá a su trono de Holyrood, para compartir «bed and board» con María Estuardo y volver por fin a ser soberano de su país y de su corazón.