Maria Estuardo
Maria Estuardo Pero antes de este lunes, 10 de febrero, viene un domingo, el 9 de febrero, y por la noche está fijada una alegre fiesta en Holyrood. Dos de los más fieles servidores de María Estuardo celebran su boda; con este motivo se han preparado un gran banquete y un baile, al que la reina ha prometido asistir. Pero no es este acontecimiento público el verdadero acontecimiento de la jornada, sino otro cuya importancia sólo se advertirá después; esa mañana, el conde de Moray se despide de pronto de su hermana por unos días, se supone que para visitar en uno de sus castillos a su esposa enferma. Y éste es un mal signo. Porque siempre que Moray desaparece de pronto del escenario político es porque tiene buenas razones. Siempre ocurre entonces un derrocamiento o una desgracia, siempre puede demostrar a su retorno, glorioso, no haber tenido parte en el asunto. El que tenga olfato para las tempestades tiene que inquietarse al ver despedirse una vez más a este hombre calculador y de amplia perspectiva antes de que la tormenta descargue. Aún no ha pasado un año desde que, a la mañana siguiente del asesinato de Rizzio, entró en Edimburgo en apariencia igual de ignorante como se va ahora, con fingida ignorancia, la mañana de un día en el que va a ocurrir un hecho aún más terrible, dejando a otros el peligro, guardándose el honor y el beneficio.