Maria Estuardo
Maria Estuardo Por eso los lores, aunque por carácter más bien intratables, buscan de manera tan febril una solución amistosa. Desde la distancia que dan los siglos se siente todavÃa con claridad su incomodidad ante el propio acto revolucionario de haber puesto bajo llave a su soberana, y de hecho al principio se facilita el retomo a MarÃa Estuardo. BastarÃa con que declarase ilegal su matrimonio con Bothwell y confesara asà su error. Entonces, aunque sin duda muy debilitada en su popularidad y autoridad, podrÃa regresar de forma en alguna medida honorable, podrÃa volver a vivir en Holyrood y elegir un nuevo y más digno esposo. Pero MarÃa Estuardo sigue estando ciega. En su nube de infalibilidad, sigue sin comprender que con la rápida sucesión de escándalos de Chastelard, Rizzio, Darnley y Bothwell se ha hecho culpable de una lamentable ligereza. No admite la menor concesión. Defiende al criminal Bothwell contra su propio paÃs, contra el mundo entero, y afirma que no puede separarse de él, porque entonces el hijo que está esperando vendrÃa al mundo como bastardo. La romántica sigue viviendo en una nube, sigue sin querer entender la realidad. Pero esa obstinación, que según se quiera puede llamarse necia o grandiosa, provoca todos los actos de violencia que se cometen contra ella, y por tanto una decisión que tendrá alcance incluso después de siglos: no sólo ella, sino también su nieto, Carlos I, pagará con su sangre esa exigencia de ilimitada arbitrariedad real.