Maria Estuardo
Maria Estuardo El primer intento (el 25 de marzo) fracasa, aunque estaba planeado con habilidad. Cada semana, una lavandera cruza el lago con otras criadas en un bote y regresa. Douglas la convence, y se declara dispuesta a intercambiar sus ropas con las de la reina. Con los toscos vestidos de la criada y protegida por un grueso velo, María Estuardo logra atravesar las vigiladas puertas del castillo. La llevan al otro lado del lago, a esa otra orilla en la que Georges Douglas debe estar esperándola con caballos. Entonces, a uno de los remeros se le ocurre coquetear con la chica delgada cubierta por un velo. Trata de ver si es guapa, de levantarle el velo. María Estuardo le contiene con fuerza, irritada, con sus manos esbeltas, delicadas, blancas, finas. Pero precisamente la delicadeza, la finura, el cuidado de los dedos, inadecuado en una lavandera, la traiciona. Enseguida los hombres del bote dan la alarma, y aunque la reina les ordena furiosa llevarla a la otra orilla, la conducen de vuelta a su prisión.