Maria Estuardo
Maria Estuardo Pero aquel cuya mano ha sido tocada una vez por la desgracia siempre coge el dado equivocado. Apresurada en todas las decisiones importantes, MarÃa Estuardo decide también apresuradamente en ésta, la más importante; sin recibir garantÃas previas, desde el mismo convento de Dundrennan, escribe a Isabel: «Sin duda, queridÃsima hermana, estarás al corriente de una gran parte de mis desdichadas circunstancias. Pero las que hoy me mueven a escribirte han ocurrido hace demasiado poco como para que hayan podido llegar a tus oÃdos. Por eso tengo que informarte, lo más escuetamente posible, de que algunos de mis súbditos, aquellos en los que más confiaba y a los que habÃa elevado a los puestos de máximo honor, han tomado las armas contra mà y me han tratado del modo más indigno. De forma inesperada, el Todopoderoso me ha liberado de la cruel prisión a la que estaba sometida. Pero desde entonces he perdido una batalla en la que la mayorÃa de aquellos que me seguÃan leales han caÃdo ante mis ojos. He sido expulsada de mi reino y puesta en tales apuros que, fuera de Dios, no tengo esperanza más que en tu bondad. Por eso te ruego, queridÃsima hermana, que hagas que me lleven ante ti, para que pueda confiarte todos mis asuntos.