Maria Estuardo
Maria Estuardo Los dados han caído. El 16 de mayo, María Estuardo sube a un pequeño bote de pescadores, atraviesa el golfo de Solway y desembarca en tierra inglesa, en las cercanías de la pequeña ciudad portuaria de Carlisle. En esos días decisivos todavía no tiene veinticinco años, y sin embargo su verdadera vida toca a su fin. Todo lo que el mundo podía darle lo ha vivido y padecido, ha subido a todas las cumbres de la tierra, ha bajado a todas las profundidades. En el más ínfimo espacio de tiempo, en las más espantosa tensión espiritual, ha recorrido todas las contradicciones, ha enterrado dos maridos, perdido dos reinos, estado en prisión, caminado por el negro camino del crimen y subido una y otra vez los peldaños del trono y del altar con renovado orgullo. En llamas ha vivido esas semanas, esos años, en una llama tan alta y fanática que su resplandor sigue brillando a través de los siglos. Pero ahora ese incendio se derrumba y apaga, y lo mejor de ella se ha consumido en él: lo que queda no es más que escoria y ceniza, un pobre resto de esa ascua grandiosa. Sombra de sí misma, María Estuardo camina hacia el crepúsculo de su destino.