Maria Estuardo

Maria Estuardo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Así, ocurre algo extraño y —para Isabel— extremadamente inesperado: en la apertura del procedimiento, Moray acusa tan sólo a Bothwell —sabe que ese hombre peligroso está a mil millas de distancia y no dirá los nombres de sus cómplices—, pero, con curiosa discreción, evita acusar a su hermana en modo alguno. Parece haber olvidado por completo que hace un año, ante el Parlamento, la declaró culpable de auxilio al crimen. Estos extraños caballeros, en modo alguno tan impetuosos como esperaba Cecil, se retiran detrás de la barrera, no arrojan sobre la mesa las cartas acusadoras, y —segunda extravagancia, y no será la última de esta ingeniosa comedia— también los comisarios ingleses se mantienen consideradamente mudos y no preguntan mucho. Como católico, quizá lord Northumberland está más próximo a María Estuardo que a Isabel, su reina, lord Norfolk a su vez trabaja por motivos privados, que sólo poco a poco se irán revelando, en un arreglo pacífico; ya se han trazado las líneas básicas del entendimiento: se devolverá a María Estuardo el título y la libertad, y Moray retendrá a cambio lo único que le importa: el poder de hecho. Allá donde Isabel deseaba el relámpago y el trueno para aplastar moralmente a su adversaria, sopla un suave airecillo. Se charla cordialmente a puerta cerrada en vez de discutir en alta voz los hechos, el ambiente se vuelve cada vez más cálido y amigable. Y al cabo de unos días —¡extraño proceso!—, en vez de celebrar rigurosa sesión de un tribunal, acusadores y acusados, comisarios y jueces, están de acuerdo en dar un honroso entierro de primera a la conferencia que Isabel pretendía como campaña política y de Estado contra María Estuardo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker