Maria Estuardo
Maria Estuardo Pero todo esto, que parece ya la última tragedia, no es más que una suave dolencia comparada con los espantosos tormentos que esperan estos dÃas a los desdichados jóvenes que han arriesgado su vida con sacrificio por MarÃa Estuardo. La Historia Universal se escribe siempre de forma injusta y asocial, porque casi siempre describe tan sólo la angustia de los poderosos, el triunfo y la tragedia de los prÃncipes de este mundo. Sin embargo, pasa de largo indiferente ante los otros, los pequeños que están en la oscuridad, como si el tormento y el martirio no fueran iguales en un cuerpo mortal que en los otros. Babington y nueve de sus compañeros —¡quién conoce, quién menciona hoy sus nombres, mientras el destino de la reina se eterniza en incontables escenarios, en libros y cuadros!— padecen en tres horas de espantosa tortura más tormento fÃsico que MarÃa Estuardo en los veinte años de su desgracia. Conforme a la ley, sólo les estarÃa destinada la muerte en la horca, pero eso les parece a los instigadores del complot demasiado poco para aquellos que se dejaron instigar por ellos. Junto con Cecil y Walsingham, la propia Isabel establece —otra mancha oscura en su honor— que la ejecución de Babington y sus compañeros debe ser prolongada en mil muertes por torturas especialmente refinadas. Seis de esos jóvenes crédulos, entre ellos dos medio niños, que no habÃan hecho otra cosa que dar un trozo de pan a su amigo Babington cuando fue a mendigarlo ante su casa, son colgados por un instante para dar satisfacción a la ley, pero luego son descuartizados vivos, para que todo el carácter demonÃaco de un siglo bárbaro pueda desfogarse en sus cuerpos sensibles, en sus cuerpos indeciblemente atormentados. El horrendo trabajo de carnicero del verdugo empieza. Las vÃctimas son descuartizadas vivas con tal lentitud y de forma tan dolorosa que incluso la hez del populacho londinense es presa del horror, y es preciso acortar los martirios de los otros al dÃa siguiente. Una vez más, un patÃbulo queda inundado de sangre y horror por esta mujer, a la que el destino ha dado el mágico poder de arrastrar a su ruina a nuevas generaciones de jóvenes. ¡Una vez más, pero por última vez! Porque ahora ha terminado la gran danza de la Muerte que empezó con Chastelard. Ahora ya no va a venir nadie a sacrificarse por su sueño de poder y grandeza. Ahora ella misma será la vÃctima.