Maria Estuardo
Maria Estuardo Pero MarÃa Estuardo ya no quiere ser salvada. Su mayor fuerza siempre fue el orgullo, y antes doblará la rodilla ante el patÃbulo que ante una protectora, mejor negar de forma insensata que confesar con claridad, mejor sucumbir que humillarse. Asà que MarÃa Estuardo responde con un orgulloso silencio a esa oferta que quiere al mismo tiempo salvarla y humillarla. Sabe que como soberana ha perdido la partida; solamente le queda un poder en el mundo: poner a Isabel, su adversaria, en situación de ser injusta. Y como, viva, ya no puede hacer daño a su enemiga, aferra con decisión esa última arma: hacer culpable a Isabel ante el mundo por implacable y avergonzarla con una muerte gloriosa.