Maria Estuardo
Maria Estuardo MarÃa Estuardo ha rechazado la mano tendida; ahora Isabel, apremiada por Cecil y Walsingham, tiene que recorrer el camino que más odia. Para dar fundamento legal al procedimiento previsto, se empieza por convocar a los juristas de la corona, y los juristas de la corona casi siempre toman de manera obediente la decisión que exige el correspondiente portador de la corona. Revuelven celosamente la Historia en busca de precedentes de que anteriormente se haya sometido a un rey a un tribunal ordinario, para que la acusación no represente una ruptura demasiado visible con la tradición, una innovación. Pero los ejemplos que arañan son muy pobres: Cayetano, un pequeño tetrarca de la época de César, el igual de desconocido Licinio, suegro de Constantino, y por fin Conradin de Hohenstaufen y Juana de Nápoles… son los únicos prÃncipes que, demostrablemente, fueron empujados por una sentencia de la vida a la muerte. En su servil diligencia, los juristas llegan a ir tan lejos como para declarar superfluo el tribunal nobiliario propuesto por Isabel; su dictamen basta para poner a MarÃa Estuardo, dado que su «crimen» ha sido cometido en Staffordshire, ante el jurado habitual de ciudadanos de este distrito. Pero a Isabel no le conviene en absoluto un procedimiento jurÃdico asà de democrático. Le importan las formas, quiere que una nieta de los Tudor e hija de los Estuardo sea eliminada de manera en verdad real, con dignidad y honores, con pompa y circunstancia, con todo el respeto y toda la reverencia que corresponden a una princesa, y no por el veredicto de unos cuantos campesinos y tenderos. Furiosa, estalla contra el exceso de celo de sus jueces: «Eso serÃa en verdad hermoso proceder contra una princesa. Considero correcto, para evitar tales absurdos (como la condena a manos de doce burgueses), trasladar el examen de causa tan importante a un número abundante de las personas más nobles y los jueces de este paÃs. Porque nosotras las princesas hemos sido puestas a la vista del mundo en el escenario del mismo». Un proceso real, una ejecución real, un entierro real, quiere para MarÃa Estuardo, y por eso convoca un tribunal nobiliario, elegido de entre los mejores y más distinguidos hombres de la nación.