Maria Estuardo
Maria Estuardo »Primero, solicito que mi cuerpo sea llevado por mi servidumbre, en cuanto mis adversarios se hayan saciado de mi sangre inocente, a tierra consagrada para ser enterrada allí, de preferencia a Francia, donde descansan los huesos de la reina, mi venerada madre, para que este pobre cuerpo que jamás conoció el descanso mientras estuvo unido a su alma encuentre ese descanso en cuanto se haya separado de ella. En segundo lugar pido a Vuestra Majestad, en aras de la preocupación que albergo ante la tiranía a cuya violencia me habéis entregado, que no se me ejecute en algún lugar oculto, sino en presencia de mi servidumbre y de otras personas que puedan dar testimonio de mi fidelidad a la verdadera Iglesia y defender el final de mi vida y mi último suspiro contra todos los falsos rumores que puedan esparcir mis adversarios. En tercer lugar, ruego que mis criados, que con tanta lealtad me han servido en medio de tantas adversidades, puedan ir sin ser molestados donde lo deseen, y disfruten de las pequeñas posesiones que mi pobreza les ha dejado en mi testamento.
»Os conjuro, madame, por la memoria de Enrique VII, nuestro antepasado común, y por el título de reina que llevaré hasta mi muerte, a que no dejéis de cumplir tan justos deseos y me los garanticéis con una palabra de vuestra mano. Entonces moriré como he vivido. Vuestra bien dispuesta hermana y prisionera, María, reina».