Maria Estuardo

Maria Estuardo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Vuelve a ser una escena de corte shakespeariano la que Isabel representa ante los ojos de este único espectador, uno vuelve a pensar en Ricardo III, cuando se queja a Buckingham de que su adversario vive, pero no da claramente la orden de asesinarlo. La misma mirada ofendida de Ricardo III porque su vasallo le entiende y sin embargo no le quiere entender ha centelleado contra el infeliz Davison. El pobre escribiente nota que está pisando terreno resbaladizo, y hace desesperados esfuerzos por agarrarse a otro: ¡no quiere llevar sólo tan inmensa responsabilidad ante la Historia Universal! Primero visita a Hatton, el amigo de la reina, y le explica su espantosa situación: Isabel le ha dado orden de ejecutar la sentencia de muerte, pero por toda su conducta él se da cuenta de que después negará la orden ambiguamente formulada. Hatton conoce demasiado bien a Isabel como para no advertir su doble juego, pero tampoco tiene ninguna gana de decir claramente «Sí» o «No» a Davison. Como en un juego de pelota, el uno le pasa la responsabilidad al otro. Isabel se la ha pasado a Davison, Davison trata de pasársela a Hatton. Hatton por su parte informa a toda prisa al secretario de Estado Cecil. Tampoco él quiere hacer suyo el asunto, pero convoca para el día siguiente una especie de Consejo de Estado secreto. Sólo están invitados los amigos y hombres de confianza más próximos a Isabel: Leicester, Hatton y otros siete nobles, que conocen por su trato familiar y frecuente la poca fiabilidad de Isabel. Aquí se habla claro por primera vez: Isabel, constatan todos, trata de evitar, en aras de su prestigio moral, la apariencia de que la ejecución de María Estuardo haya sido orden suya. Para procurarse una coartada, quiere «sorprenderse» a los ojos del mundo ante los hechos consumados. Así que la obligación de sus leales es participar en esta comedia y llevar a cabo, en apariencia en contra de la voluntad de la reina, lo que en realidad está exigiendo. Naturalmente, la responsabilidad de esa aparente pero deseada extralimitación es grande, y por eso el empuje de su auténtica o fingida ira no debería caer sobre uno solo. Así que Cecil propone que ordenen todos juntos la ejecución, pero asuman también juntos la responsabilidad por ella. Lord Kent y lord Shrewsbury son escogidos para supervisar la ejecución de la sentencia, y el secretario Beale es enviado a Fotheringhay con las correspondientes instrucciones. Ahora la culpa pesa sobre los diez miembros del Consejo de Estado, que al saltarse sus competencias —secretamente instigados por Isabel— han quitado por fin la «carga» de los hombros de la reina.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker