Maria Estuardo
Maria Estuardo La respuesta de Amyas Poulet brinda poca satisfacción a la reina. Ha entendido enseguida el ingrato papel que se le adjudica, y comprende al instante la mala recompensa que le espera si de hecho elimina a MarÃa Estuardo: la reina le insultará públicamente llamándolo asesino y le pondrá delante de un tribunal. No, Amyas Poulet no espera ninguna gratitud de la casa Tudor, no tiene la menor inclinación a dejarse elegir como chivo expiatorio. Pero, para no parecer desobediente ante su reina, el inteligente puritano se esconde detrás de una instancia superior, detrás de su Dios. Rápidamente, envuelve su negativa en el manto de la moralidad. «Mi corazón se llena de amargura —responde con patetismo— al ser tan desdichado de haber visto el dÃa en que mi bondadosa soberana me invita a cometer un acto que prohÃben Dios y el derecho. Mis bienes y posesiones, mi posición y mi vida están a disposición de Vuestra Majestad, y estoy dispuesto a entregároslas mañana si lo deseáis, porque no estoy sino agradecido a su bondadoso placer. Pero que Dios me guarde de sufrir tan lamentable naufragio de mi conciencia y dejar a mi descendencia tan gran mancha como haber derramado sangre sin el consentimiento de la ley y sin una orden pública. Espero que Vuestra Majestad acogerá cordialmente, con su bondad acostumbrada, mi humilde respuesta».