Maria Estuardo

Maria Estuardo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Pero Isabel no piensa acoger con bondad esta carta de Poulet, al que hace poco ensalzaba entusiasta por sus «spotless actions, wise orders and safe regards»; furiosa, recorre su cuarto de un lado a otro burlándose de esos «tipos delicados y precisos» («dainty and precise fellows») que todo lo prometen y nada hacen. Poulet, ruge, es un perjuro, firmó aquel Act of Association que le obliga a servir a su reina incluso con riesgo de su vida. Hay otros que lo habrían hecho por ella, un tal Wingfield, por ejemplo. Su ira, auténtica o fingida, cae sobre el infeliz Davison —Walsingham, astuto, ha escogido la mejor parte y se ha declarado enfermo— que, con lamentable ingenuidad, le propone recorrer el sincero camino del derecho. Gentes más inteligentes que él, le increpa, son de otra opinión. Es hora de que el asunto quede liquidado de una vez, y es una vergüenza para todos que aún no se haya llevado a cabo.

Davison calla. Podría jactarse de que la ejecución está ya en marcha. Pero siente que no podría hacerle a la reina peor favor que hacerle saber honestamente algo que de forma deshonesta sabe probablemente desde hace mucho: que el mensajero con la sentencia de muerte sellada está ya en camino hacia Fotheringhay, y con él un hombre robusto y rechoncho que debe transformar las palabras en sangre, las órdenes en ejecuciones: el verdugo de Londres.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker