Memorias de un europeo El mundo de ayer
Memorias de un europeo El mundo de ayer ―Oh non, monsÃeur ―dijo―. Yo se la llevaré a casa. Y asÃ, seguido por el ladrón con la maleta, desanduve las cuatro calles hasta el hotel.
He aquÃ, pues, que un asunto que habÃa empezado de modo enojoso parecÃa haber terminado de la forma más alegre y satisfactoria. Pero, en rápida sucesión, originó dos epÃlogos a los que debo una contribución muy instructiva a mi conocimiento de la psicologÃa francesa. Al dÃa siguiente, cuando fui a ver a Verhaeren, éste me saludó con una sonrisa maliciosa.
―Te ocurren unas aventuras muy extrañas aquà en ParÃs ―dijo burlón―. Para empezar, no sabÃa que fueras tan rico.