Memorias de un europeo El mundo de ayer
Memorias de un europeo El mundo de ayer No me supo dar información cumplida y sólo cuando hube logrado reunir el resto de los volúmenes (los últimos se encontraban todavía en fase de elaboración), supe que por fin tenía en mis manos la obra que no servía a una sola nación europea sino a todas y al hermanamiento entre ellas; supe que aquél era el hombre, el escritor, que ponía en juego todas sus fuerzas morales: el amor al conocimiento y la sincera voluntad de conocer, la imparcialidad probada y alambicada y una fe alentadora en la misión unificadora del arte. Mientras nosotros dispersábamos las fuerzas en pequeñas proclamas, él había puesto manos a la obra en silencio y pacientemente para mostrar a los pueblos las cualidades más atractivas de cada uno de ellos; en aquellas páginas se estaba escribiendo la primera novela conscientemente europea, se estaba ultimando la primera llamada decisiva a la fraternidad, más eficaz que los himnos de Verhaeren, porque llegaba a masas más amplias, más enérgica que todos los panfletos y protestas; se estaba llevando a cabo en ellas, en silencio, lo que todos esperábamos y anhelábamos inconscientemente.