Memorias de un europeo El mundo de ayer
Memorias de un europeo El mundo de ayer Quince días después, cuando ya casi me había olvidado del artículo, recibí una carta con sello suizo y la estampilla de la censura en la que, por sus trazos familiares, inmediatamente reconocí la mano de Romain Rolland. Debió de leer el artículo, porque decía: “Non, je ne quitterai jamais mes amis.” En seguida comprendí que aquellas pocas líneas suyas eran un intento de comprobar si era posible, estando en guerra, ponerse en contacto epistolar con un amigo austríaco. Le contesté a vuelta de correo. A partir de entonces nos escribimos con regularidad y nuestra correspondencia continuó después durante más de veinticinco años, hasta que la Segunda Guerra Mundial, más brutal que la Primera, rompió toda comunicación entre los países.