Memorias de un europeo El mundo de ayer
Memorias de un europeo El mundo de ayer Sin embargo, no había olvidado su otro deber: el del artista comprometido, obligado a expresar sus convicciones, aunque fuera luchando contra la oposición de su propio país e incluso contra la indignación de todo el mundo beligerante. En el otoño de 1914, cuando la mayoría de escritores se desgañitaban proclamando su odio, se escupían y se ladraban los unos a los otros, él ya había escrito aquella confesión memorable, “Au-dessus de la mêlée”, en la que combatía el odio entre las naciones y reclamaba del artista justicia y humanidad incluso en medio de una guerra: un artículo que, como ningún otro de la época, provocó opiniones de todo tipo y dejó tras de sí toda una literatura de pros y contras.