Memorias de un europeo El mundo de ayer
Memorias de un europeo El mundo de ayer Pero en Venecia la palabra “fascista” adquirió de repente para mí un contenido tangible. Llegué de Milán a la querida ciudad de los canales por la tarde. No había ni un solo mozo de cuerda disponible, ni una góndola; trabajadores y ferroviarios estaban sin hacer nada, con las manos en los bolsillos en señal de protesta. Como llevaba dos maletas bastante pesadas, miré a mi alrededor en busca de ayuda y pregunté a un hombre mayor dónde podía encontrar a algún mozo.
―Ha llegado usted en mal día, señor ―contestó en tono de lamentación―. Otra vez huelga general.